Mi existencia reflejada en los espejos cóncavos del Callejón del Gato

martes, 21 de mayo de 2013

Soy un ingenuo

Yo no sé de muchas cosas. No entiendo mucho de economía. Ni de empleo; más allá de entender que si me suben los impuestos y me bajan el sueldo, tendré menos dinero y gastaré menos, y que entonces pondré menos dinero en manos de otras personas, que a su vez tendrán menos dinero para mover. No entender cómo esto puede reactivar la economía, pero es que no sé de políticas macroeconómicas, ni de primas de riesgo, ni de balanzas, déficits de comunidades autónomas y todo eso.

No se de muchas cosas, ya digo. Pero en Educación llevo metido quince años (más en realidad, si contamos los años de teatro) y he procurado enterarme de algo; he estado en equipos directivos, jefaturas de departamentos, consejos escolares; he leído y estudiado la legislación educativa (extensa, confusa y en ocasiones contradictoria); he intentado estar al tanto de las nuevas tendencias y conocer, siquiera fuera por encima, algunos otros sistemas educativos. Y me pregunto quién ha procurado hacer eso al redactar la nueva ley de educación, llamada para la Mejora de la Calidad en la Educación. Y me pregunto en qué medida viene a mejorar la Educación, cómo piensa hacerlo. Y es que yo, aparte de no saber muchas cosas, soy encima un ingenuo. Siempre lo he sido, pero el otro día me lo recordó Eva, cuando andaba yo dándole vueltas a la LOMCE, pensando que un Ministro siempre querrá, efectivamente, mejorar la Educación.

Me acuerdo que de niño, de cuando en cuando, a la hora de cambiar impresiones con mi padre sobre cualquier asunto, al final siempre terminaba diciendo a mi madre “este niño se cree que los pájaros maman”, que para él supongo que significaría el colmo de la ingenuidad. Lo malo es que a mi edad todavía lo sigo siendo. Sigo pensando que el personal es esencialmente bueno y me cuesta trabajo imaginar a las personas actuando mal a sabiendas.

Supongo que por eso el otro día me volvía a preguntar la razón por la que Rajoy nombró ministro de Educación a Wert, y Eva me decía ingenuo. Es decir, yo entiendo que un presidente de un país tenga una ideología, y que gobierne en base a ella. Pero sigo siendo tan ingenuo como para pensar que dentro de esa ideología, de esa filosofía sobre las cosas, un presidente de un gobierno escogerá al que mejor haga las cosas en cada campo, al más profundo conocedor de las materias que se le encomienden, lo que en puridad será mejor para todo el país, aun renunciando un tanto a su ideología.

Pero Wert no es nada de eso. Si se repasa su currículum no es desde luego un experto en el campo de la educación. Es licenciado en Derecho, con un doctorado en sociología, con una trayectoria política, y con una carrera en la empresa privada como sociólogo general, asesor de bancos y tertuliano de televisión. Pero no es que sea un estudioso de la educación, o haya centrado sus estrategias o haya mantenido nunca a la largo de su vida profesional algún contacto con la investigación de la sistemática educativa. No es Ken Robinson, que lejos de mostrar una ideología, se ha preocupado por la realidad educativa, y ha trabajado en ese campo en distintos niveles, desde observar institutos y la relación profesor-alumno, hasta asesorar escuelas concretas o incluso a la Unión Europea; no es José Antonio Marina, preocupado por cómo funciona la inteligencia, y los sistemas de aprendizaje, y ocupado de aplicarlo a la Educación; ni siquiera Vaello Orts, director de instituto, con libros publicados sobre cómo enseñar al que no quiere aprender.

Aun así -me digo en mi ingenuidad- un ministro puede no ser un experto en lo suyo, pero sí dejarse asesorar por los expertos. Pero si se mira la propuesta de reforma de ley de educación no parece haber estado influida por ninguna de las nuevas tendencias en educación, ni por las reformas planteadas por países de nuestro entorno que tengan mejores resultados académicos, ni siquiera por las directrices generales de la Unión Europea. Ni plantea tendencias novedosas o arriesgadas que propongan nuevos enfoques según los nuevos tiempos. Antes al contrario, el enfoque general de la ley plantea una visión de la educación (yo casi diría de la sociedad) anclada en los años sesenta, donde había que estudiar lo que tuviera más salidas y trabajar en algo que, aunque no te hiciera feliz, te reportara un buen dinero. Y el que no valía, pues a FP. Y las medidas que propone van en esa dirección. No es ya reafirmarse en el modelo tecnológico de la educación (en el que estudiamos los de mi generación), que se considera superado a pesar de que es en realidad el que mayoritariamente se sigue aplicando, sino que es volver al modelo tradicional, donde el profesor emite conocimientos, el alumno los amplia con el libro, y demuestra lo aprendido reproduciéndolo en un examen. Razonamiento cero.

Cualquier experto de los ya nombrados, o cualquiera que con un poco de sentido común analice la ley, observará que no se plantean soluciones a la problemática actual. No se plantean en realidad medidas que eviten el abandono, medidas que mejoren la calidad del aprendizaje, o medios de reducción de alumnos por clase (la base de la autentica calidad en la Educación); no se amplia la optatividad; por supuesto, se olvida de la movilidad del mercado laboral, la valoración del trabajo en grupo, la creatividad, el pensamiento divergente; elimina las “materias que distraen”, justo en contra de las indicaciones de la UE, asesorada por Robinson; no mira, en fin, a países del entorno, a Francia, que mejora resultados del informe PISA con sus miércoles libres para actividades distintas a las del currículo, a Finlandia (la mejor Educación de Europa) con quince alumnos por clase…

¿Por qué entonces Wert? ¿Para qué una ley que en realidad no parece afrontar los retos de una educción de futuro, sino aplicar modelos superados hasta en la práctica? ¿Por qué no atender a la realidad, a los tendencias que desde hace años se defiende en la Unión Europea, en las filosofías de de la Educación? ¿De verdad se quiere mejorar la Educación? ¿O se trata de tomar medidas que favorezcan sólo determinadas tendencias, determinadas posiciones, determinadas idiosincrasias? ¿O legislar en contra de otras tendencias, o de políticas?

Yo soy muy ingenuo y me cuesta trabajo pensar que en realidad a un ministro de Educación no le interese la mejorar de la Educación, sino mejorar las estadísticas, y favorecer solo aspectos concretos de la educación (con minúsculas) Pero por otro lado, si atiendo a lo que se de Educación es esa la sensación que se transmite.

Me estremezco al pensar que se esté legislando del mismo modo en todas esas cosas de las que no se, y que no me de cuenta de las cosas que nos están colando. Porque si pienso que a Rajoy en realidad no le interesa la Educación, que no quiere arreglarla, no puedo evitar pensar en las cosas que no entiendo y en las medidas que se están tomando en economía y en empleo, y si les interesa mejorar o pagar deudas electorales. Miro y veo medidas desfasadas, aplicables a una realidad que ya no existe, y que favorecen a no se bien quien. Pero claro, yo no entiendo de eso.

No se si es mejor perseverar en la ingenuidad y mirar para otro lado. Pero si hacemos esto ¿no nos estallará la realidad en la cara?
 
Me voy a pasear con mis perros: estos no mienten sobre sus intenciones. En eso también nos ganan. 

domingo, 13 de enero de 2013

Mi perro Ringo

Hace poco más de dos meses, mi perro Ringo sufrió un ictus. Llevaba un tiempo regular: estaba perdiendo vista, la artrosis le estaba afectando mucho, había bajado su tono vital en general; un bajón definitivo en verano. Pero no esperábamos una cosa así.

No voy a hacer aquí en mensaje de esos buenistas y acaramelados (están muy bien, a mi me encantan) que pululan por Internet de “sea tan feliz como su perro” o cosas parecidas. Simplemente voy a revolver en mi mente y me voy a acordar de mi perro, que se lo merece. Y voy a ver lo que me ha enseñado. Y voy a escribir lo que salga. Y lo voy a compartir con vosotros.

Ringo se me coló en clase siendo un cachorro va a hacer pronto catorce años. Como todo cachorro, era irrefrenablemente simpático. Pero este era muy divertido: una bola de pelo, juguetón y expansivo, buscando claramente manada, que encontró en mi casa, no sin ciertas reticencias que el mismo se ocupo de disipar.

Y resultó ser muy listo. Aprendió en seguida las órdenes que le fui enseñando. Sin egoísmos, ni dobleces. Sin premios. Ahora, cuando me he convertido en adiestrador y conozco los resortes del aprendizaje canino, he corroborado lo bueno que es mi perro y lo mucho que me quiere. Aprendía y realizaba las instrucciones sin ninguna otra satisfacción que el jugar conmigo por las tardes noches.

Más allá del instinto y de su condición de macho sin castrar (es un ligón impenitente aun hoy, que todavía busca los rastros de hembras en sus cortos y trastabillados paseos), Ringo tiene su propia personalidad. Su propio carácter. Y es esencialmente bueno. Siempre de bien humor y siempre dispuesto. No es agresivo, no es un perro serio. Además de listo, o tal vez por eso, Ringo es… bueno.

Durante cinco años fue el niño mimado de la casa. No había niños, ni había otros perros. No había competencia y el asumía perfectamente su rol. En ese entonces fuimos un día atacados por la misma “bestia”: un perro mestizo de rottweiler con algo muy grande, que le produjo un corte en la pierna y a mí un moratón en el antebrazo. Hasta eso hemos compartido.

El recoger a Lola no le hizo mucha gracia: le gruñía, no dejaba que se acercara, se interponía entre ella y yo. No digamos cuando llegaron las crías. Sin embargo, hubo un momento en el que yo creo que hasta reflexionó y tomó una decisión. Sí, ya sé que esto no es propio de perros, pero…

Y desde entonces, en esa situación y siempre ante tesituras parecidas, Ringo ha elegido ser… bueno. Y aunque es el jefe de la manada perruna, su actitud nunca es violenta con los otros miembros. Su dignidad aun se mantiene. Le basta un gruñido.

Mis hijos no le supusieron ningún problema. Los ha asumido y soportado de bebés, y ahora los aprecia y los acepta perfectamente. Y sabe mantener una relación súper cordial con todos los humanos a los que quiere, entre los que se contaba mi madre.

Por otro lado, es muy poco exigente. No es el clásico perro que pasado cierto tiempo te está pidiendo paseo, o te reclama la comida. No. Es mucho menos coñazo que mucha gente que conozco, y que mis perras (benditas sean que me quieren mucho, y yo a ellas, pero son…  pesadísimas) Ringo se limita a estar. A acompañar y sentirse acompañado.

Mi perro Ringo sufrió un ictus hace dos meses largos. Cuando me llamó Maricarmen para advertirme, supe que algo serio le estaba pasando; salí volando del trabajo, y cuando llegué me lo encontré tumbado en el suelo de la cocina, con la cabeza y los ojos agitados. Desparramado en el suelo. Había vomitado varias veces. Lo vi muy mal. Llamé a Eva, Eva llamó a Ana, y Ana me llamó a mí. No pintaba bien. Lo veríamos en consulta, pero… había que probar, a ver como reaccionaba a lo que le pusieran…

Ese primer día, sedado hasta la mayor posibilidad, todavía tuvo la dignidad de moverse de la camita para no hacerse pipí encima. Y le quedaron arrestos para luchar sin perder esa dignidad y salir adelante. Ya a los dos días se resistía a salir a “pasear” con ayuda. Y poco a poco se ha ido recuperando. Al principio le quedó la cabeza torcida (con cierto aire regio que recordaba a la madre del rey), pero ya casi no se le nota. Eso si, está muy viejito y achacoso, y los paseos son cortos y la vitalidad es menor. Pero aquí sigue, de momento.

Ahora, mientras escribo esto, y casi siempre que he estado sentado al ordenador todos estos años, mi perro Ringo ha estado a mis pies. De él he aprendido a ser bueno, a mantenerme en mi sitio sin violencia, a tratar de mantener el buen carácter, a no ser coñazo, a procurar mantener la dignidad… No hablo de lo seguro, la fidelidad, el amor y esas cosas que se le presuponen a los perros, y que en el caso de Ringo adquieren otra dimensión.

Estos son sólo unas breves palabras que se aproximan de lejos a describir a mi perro y mis sentimientos, y que no pueden contener catorce años de convivencia. Pero yo tenía que escribirle esto. Aunque él no lo sepa, y no lo pueda leer.

Frases hechas

Anoche Eva me comentó una noticia que yo ya conocía. Resulta que la Junta de Andalucía ha decidido crear un nuevo observatorio para realizar las funciones que hasta ahora realizaban los inspectores de educación. Es decir, duplicar funciones, gastos, y enchufar a más gente a la que pagar con dinero público, con la agravante de conseguir probablemente resultados mediatizados, a gusto del que paga. Y eso en plena crisis.

Y era lo que me faltaba. Cuando me iba a acostar me acorde de una frase hecha que no se si existía antes, pero que yo conocí a través de una canción de Serrat. “Harto de estar harto”. Estoy harto como ciudadano que soporta lo que todos, como funcionario que soporta recortes y medidas injustas y abusivas, y como profesor funcionario, que se enfrenta día a día al deterioro del sistema educativo sin que se tomen medidas pensadas que vayan a mejorar en realidad la educación.

Y estoy harto de estar harto de todo esto, todo el día con quejas, con protestas, de mal café. Tanto que te entran ganas de… Y en esas me acuerdo de otra frase, que tampoco sé si existe en el imaginario colectivo, pero que decía mucho mi abuelo: “tengo ganas de no tener ganas de lo que tengo ganas”. Y esa era justamente mi situación. Tanto dar vueltas a la cabeza con lo mismo, tanto malestar, tanto político incompetente y caradura, que entran ganas de…, pero en realidad yo tengo ganas de no tener ganas de eso, sino de tener el pensamiento calmado y pacífico.

Y recordé otra frase. Esta es en realidad un consejo de amigo. “A partir de los cuarenta hay que relajarse más, trabajar más calmado, tranquilito tío”.

Y sí. Eso haré. Voy a relajar mi propia tensión en el trabajo, a preocuparme menos. Pero ¿Eso cómo se hace? Esto me lo he estado intentando aplicar desde antes de haber cumplido los cuarenta. Y nada. No es fácil. O al menos a mi no me resulta todo lo fácil que debiera. Y lo intento.

No lo intentes. Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”. Frase del Yoda en El imperio contraataca. Vale. Pues ya la hemos liado, porque ya me gustaría trabajar menos, más relajado; pero no lo hago.

Harto de estar harto, tengo ganas de no tener ganas de lo que tengo ganas; pero debo relajarme que me sube la tensión, y no puedo dormir. Pues no sé. Y antes de caer me viene a la memoria una frase bastante más conocida, usada por cierto grupo sevillano con mucha precisión: Al carajo.

Esto me tranquiliza. Esto si que lo puedo hacer; no intentarlo: hacerlo. Mando al carajo a tanto mandria, aparco mis historias del trabajo, y vuelvo a escribir. Con este pensamiento me duermo lentamente. Y aquí estoy, escribiendo frases hechas.

 

♫Al carajo, al carajo, que se vayan al carajo♪

martes, 4 de septiembre de 2012

Calidad de Educación

Estoy pensando en que acabo de comenzar mi catorceavo año como profesor. En este curso se anuncia una nueva ley de calidad en la educación. Desde que doy clases he conocido cuatro leyes de educación. Soy incapaz de recordar el número de reformas, interpretaciones, aclaraciones, ordenes, reglamentos y aplicaciones torticeras. Llegue a tener un archivador completo con todas esas cosas. Hubo un tiempo en que me las aprendí y trabajé. Es un lio tremendo, porque los textos no paran de estar parcheados, y todo es cambiante. En Suecia, segundo pais en calidad en educación según el informe PISA, y primero de Europa, llevan con la misma ley desde 1973. En Suecia, por cierto, las horas lectivas del profesorado son menos que eran aquí. Mucho menos este curso que nos las han aumentado. Y aun así son los segundo del mundo. Nosotros aumentamos las horas y bajamos en el ranking. Que cosas.
Y sigo pensando. Pienso que no soy capaz de recordar muchas de esas leyes y reformas, ordenes e interpretaciones, que en realidad terminara repercutiendo en la "calidad de la educación". Siempre sirven para contentar a una ciudadnía conformista, que busca solución inmediata (y barata) a problemas que no quiere solucionar. Pero la calidad, lo que se dice calidad en la educación, no es que no mejore, es no se plantea en realidad fuera del preámbulo de las leyes.
Creo que me he ganado el derecho a ser esceptico (como poco) con la futura ley de calidad de la educación. Más aun cuando proviene de un analista que no parece conocer la realidad de la educación en España sino a tavés de estadisticas. Datos en un papel, sobre trabajo con material humano...
Creo que yo no conoceré un repunte en la calidad en la educación. Antes tendría que haber un repunte en la calidad de sociabilización, del sentido de lo público, del respeto a lo común...
En eso estoy pensando...

martes, 20 de marzo de 2012

Cabrones bípedos implumes

Hoy algún cabrón bípedo implume había atado al cuello de un perro mestizo una larga bolsa de plástico que lo hacía trasbillar. El perro estaba tan confundido que se había quedado parado en mitad de la avenida de Jerez, camino de Bellavista, donde el tráfico es intenso. Pude esquivarlo en la moto y al frenar para tratar de sacarlo de la carretera por poco me caigo, o me lleva por delante el camión que venía detrás, que gracias a mi estúpida frenada también evito al perro, que volvió a la acera.

Cuando me acerqué a tratar de liberarlo, estaba tan asustado que huyó despavorido, metiéndose otra vez en la carretera, tropezándose con el plástico. Otra vez los coches frenaron y esquivaron, y el perro volvió a la acera alejándose tan rápidamente de mi que le perdí de vista al volver por mi moto.

Cuando me monté y traté de localizarlo, fue imposible. Comprobé al menos que no estaba atropellado en la carretera, lo busqué por el expo-local y nada. En fin. Decidí seguir mi camino al trabajo, que ya llegaba tarde.

Varios cientos de metros más arriba, por las aceras de Bellavista volví a ver al perro, ya sin la bolsa de plástico atada, y andando por la acera mucho más tranquilo. Ignoro si alguien se la había quitado o se le había desprendido. No lo creo, porque había visto el nudo.

No comparto ninguna manifestación violenta. Las condeno todas. Puedo imaginar entender alguna, aun resultándome horrorosa. Pero no puedo entender en ningún universo la violencia gratuita contra animales, probablemente sólo como diversión. Especialmente en el llamado primer mundo. Especialmente entre seres que pasan por persona. Me causa una profunda tristeza y me levanta mis más bajos instintos.

A ese bicho bípedo le deseo una muerte pronta, aunque lenta y dolorosa. Y si hay Dios, que tenga en cuenta que ese ser era malo de verdad. Y si hay Dios, que perdone mi pecado de pensamiento, pero creo que el mundo que creó no está mejor en ningún aspecto con alimañas así dentro. Si hay Dios, que me perdone, porque escribir esto me ha merecido la pena. Y el hinchón de sudar que me he dado corriendo detrás del pobre perro, y el maldecir al cabrón que lo había atado, también.

Lo peor ha sido llegar y constatar que alguno de esos cabrones bípedos implumes figuran como alumnos en algunas de mis clases, que son impermeables al pensamiento ordenado, y que mi actividad educativa es absolutamente inútil, no ya para la música, sino para transformar a esos bichos en personas. Y así se desperdicia mi tiempo y mi posibilidad.

sábado, 17 de marzo de 2012

De mediana edad

Hace algún tiempo que pasé de ser considerado joven a ser incluido en un grupo socio-temporal de vaga definición, que ha venido en llamarse “mediana edad”. No es cuestión de ser pesimista, pero en realidad esa edad no es mediana. La mayoría de los incluidos ahí llevamos más tiempo aquí del que nos queda por delante. Yo voy a hacer todo lo posible porque en mi caso no sea así, pero las estadísticas son las que son.
Escribo esto porque quizá en esa mediana edad sea el momento de mirar hacia atrás y ver qué se ha aprendido, y mirar hacia delante y ver qué queda.
Vamos a ver. ¿Qué he aprendido yo hasta ahora? Pues, básicamente, bastante poco. He actualizado conocimientos, pero creo que en general cambiamos muy poco. Creo que en realidad casi todos seguimos siendo muy parecidos a como éramos de más pequeños, y que las grandes líneas de conducta siguen siendo las mismas. Yo pienso que sigo siendo el mismo niño tímido y retraído, con cierta dificultad de relación; ese niño que con su ingenuidad desesperaba a mi padre hasta hacerle decir “este niño se cree que los pájaros maman”; al que le ponían en las notas de párvulos que no decía mentiras. ¿Qué le vamos a hacer? Me sigue costando mucho imaginar que haya gente de mala voluntad, que actúa de mala fe de manera consciente. Aún me desarma que haya gente cometiendo fechorías de diversa consideración y lo niegue abiertamente.
Parafraseando (o más bien copiando) a mi viejo compañero Woody, ¿qué he aprendido yo hasta ahora? Pues que lo más importante es no ser un amargado. La mente abarca todas las aspiraciones nobles como poesía y filosofía, pero es el cuerpo el que se divierte.
Yo reconozco mis esfuerzos por mejorar, y ser más osado, más lanzado en algunas decisiones, y aunque sigo siendo ese crío apocado que miro cada vez desde más lejos, trato de tomarme las cosas como vengan y “no ser un amargado”.
Por otro lado, mi antiguo barbero, menos ilustre, pero igualmente sabio, decía que lo más importante era tener todos los dientes, y que se te pusiera siempre dura. No se exactamente a que se refería, pero por lo que imagino, creo que en este sentido aun no me puedo quejar.
Así que como no es que haya aprendido demasiado, tampoco me puedo imaginar que me queda por delante. Siempre espero que lo mejor esté por llegar. Pero es más fácil si hacemos algo por colaborar.
Es posible que a veces sea mejor guiarse por el corazón que por la cabeza, y, como puse hace unos días por ahí, dejar de arrepentirse de lo que no has hecho, para empezar a arrepentirse de lo que hagas. Aunque bien pensado, tampoco en eso me puedo quejar. Simplemente habrá que dejar de preocuparse tanto por según que cosas. Pero cómo cuesta. Si tuviera más constancia… ¿Vale esto como aprendizaje?
El llavero de las llaves de mi casa es del musical Billy Elliot. Es un lingote pequeño con una frase grabada, que recorro con los dedos cada día: “BE INSPIRED”
Pues eso.

domingo, 13 de noviembre de 2011

El lugar donde has sido feliz

Recuerda Lucía que Sabina, en una canción, tiene escrito que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Y se pregunta por qué no.
Volver. En este contexto de volver, se suele entender como “lugar”, como un espacio físico al que regresar. Pero ese espacio físico que recordamos, lo recordamos en un contexto temporal, lo recordamos unido a un momento, a una situación, a una realidad pasada. Cuando deseamos volver al lugar donde hemos sido felices, lo que esperamos encontrar es esa misma felicidad, sin ser conscientes de que la felicidad no nos la dio el lugar, sino el momento, la época, personas que puede que ya no estén. 
Constatar que no volvemos a ser tan felices como fuimos en ese lugar produce una sensación tan amarga, tan desoladora, que es mejor no regresar; mantener en la memoria el lugar de la felicidad y no pretender revisitarlo con esa intención, porque aunque el lugar existe, el tiempo, esa cruel lija, esa negra espalda, es distinto.
Sin embargo esos mismos lugares físicos en que hemos sido felices también poseen un algo eterno, un algo que no cambia y al que sí que podemos volver. La esencia de las cosas. Volver a un lugar supone tratar de volver a la esencia, no a repetir la experiencia de la felicidad, sino a capturar otras nuevas. Así no estás volviendo al lugar donde has sido feliz, sino que estás propiciando el futuro.
Volver a un tiempo pasado solo sirve para hurgar inútilmente en al tiempo. Mirar a la infancia, la adolescencia… Ya sea el pasado positivo o negativo, salir a su encuentro solo debe ser visitar, no permanecer.
Buscar. Volver. Nunca se visita el mismo sitio, no te bañas dos veces en el mismo río; y sin embargo, el río es eterno, fluye y no cambia, dando sensación de eterna permanencia. Heráclito y Parménides. Y total ¿para qué? Mañana volverá a salir el sol, el mismo sol eterno, estemos dispuestos o no.
Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.

miércoles, 6 de abril de 2011

Mi futuro profesional avanza en otra dirección

Desde Diciembre he andado un poco cabizbajo. Ya sabéis que mi situación con la educación va siendo insostenible. También sabéis de mis intentos por cambiar de futuro profesional.
Lo que no todo el mundo sabe es que debido a la intensidad y la tensión del mundo del toreo, el 22 de diciembre me detectaron hipertensión. Resulta que los mareos que tuve unos fines de semana atrás parece que fueron debido a eso y no a problemas cervicales. A mi me extrañaba, ya que debido al intenso entrenamiento de los matadores, tenía las cervicales en prefecto estado. Pero nunca se sabe; una lesión, un pequeño pinzamiento…
Pues no, fue la tensión. Y ya que debido a mi esplendido estado de forma y mi cuidada alimentación no presentaba ningún factor de riesgo, los médicos decidieron que mi hipertensión vendría dada por el stress. Y me desaconsejaron continuar con mi carrera de diestro.
Tampoco parecía muy razonable para la tensión la actividad como agente secreto (aunque de vez en cuando me entrego a misiones especiales, con una nueva banda sonora, yo os contaré).
Entonces fue lo del baile. Hacer ese tipo de ejercicio ayuda a bajar la tensión. Pero, la verdad, no me veía bien como danzarín, y, dado que mis compañeros de baile también insistían en ello, terminé dejándolo.
Así que estaba abocado a seguir en la educación. Curiosamente los médicos no consideraron la posibilidad de que la situación de stress fuese debida precisamente a dar clase.
Y esto me ha sumido estos meses en un mar de confusión y dudas que me han tenido apartado del blog. Encerrado en el mundo de la educación, pensé (pienso todavía) en diversificar y centrarme en el adiestramiento canino (la gente ignora cuan parecidos principios se ponen en juego en ambos terrenos).
Pero ha llegado la primavera, y todo ha cambiado, me siento más animado, y de pronto, una nueva oportunidad se ha abierto ante mi. Una cosa que me ha ayudado mucho ha sido no abandonar mi rutina diaria de ejercicios.
Abandonada la idea de participar en la temporada de abono, coincidí en una cena con uno de los administradores judiciales del Betis. Teníamos amigos comunes, y fuimos presentados.
Estuvimos charlando un rato y salio el tema de las grandes dificultades que tiene la segunda división, y las lesiones que tienen en cuadro a la defensa bética. Y entre la charla dejé caer que yo siempre había sido un defensa correoso, pero de buen pase en largo, y que aun me mantenía en forma. Dije que ahí estaba Belenguer con sus 38 tacos. En fin, la cosa no pasó a más, y seguimos charlando de otros temas más banales…
Pero pocos días después recibí una llamada de la secretaría técnica del club; que al parecer Mel estaba interesado en verme jugar y en caso positivo, contratar mis servicios hasta final de temporada, y que luego ya veríamos. Como no tenía agente le dije que hablara con el director de mi instituto.
Y he cerrado el acuerdo.
Desde el pasado jueves estoy entrenando con el primer equipo y espero poder aportar mi granito de arena para conseguir el ascenso. De momento todavía no he ido convocado, pero sé que el mister confía en mi, y yo estaré preparado por si tengo la oportunidad.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Mi futuro en la música

Además de todas esas cosas, hemos podido sacar tiemp para ensayar por las tardes.
Aquí tenéis el resultado. ¿Podré perseverar en el mundo de la música?



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