Mi existencia reflejada en los espejos cóncavos del Callejón del Gato
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miércoles, 12 de febrero de 2014

Un hombre de frontera revisitado


 
El otro día volvía a salir en la conversación el tema de la educación. Y se planteaba que hay profesores que no, pero que yo tengo que tener vocación; que con las cosas que hago, los videos, las actividades, que se me nota. Yo nunca he pensado que la tuviera. No sé, no lo creo.
No es que no me guste la enseñanza, pero no llegué a ella por vocación, sino por rebote, como una oportunidad surgida. Una vez dentro, trato de hacer mi trabajo lo mejor posible, pero no me siento muy miembro del gremio de profesores, educadores o lo que quiera que sea que diga la próxima ley.
Y si miro hacia atrás, compruebo que rara vez he terminado de encajar en algún grupo, rara vez me he sentido plenamente integrado. Prefiero considerarme, mejor que un excluido, “un hombre de frontera”. Algo así como John Wayne en Centauros del desierto. Aunque ahí no se sabía si era excluido, o si él mismo se quedaba al margen.
Cuando estudié derecho, no se podría decir que fuera el prototipo de “estudiante de derecho”. Era demasiado “rojo”. En Arte Dramático, donde encajé mejor, era demasiado “pijo”. No se me solía tener en cuenta para montajes o grupos, porque parecía demasiado en otra onda.
Luego me especialicé en dirección, y tuve mi grupo, y montamos cosas; y años después lo volví a retomar; y aun mantengo la esperanza… Ahí si que fui yo el que iba por libre.
Mientras tanto estuve tocando el saxo en un grupo de música, pero me sustituyeron por otro más alternativo y “maldito”.
En los cursos de doctorado de Ciencias del Espectáculo, que verdaderamente disfruté, era una rara avis más. Un licenciado en Derecho, que estudia un doctorado interdepartamental de filología, porque también es licenciado en Arte Dramático.
Cuando se presentó la ocasión de las oposiciones, pues las tomé, pensando más en teatro que en música. Pero al final, profesor de música.
Y como profesor de música soy una isla: tengo mi propia aula a la que acuden los alumnos, es decir que no tengo que salir y desplazarme por el centro; hay días que no saludo a ningún profesor: entro en el centro, subo al aula, y me voy después de mis clases. Y todo ese atontamiento y atolondramiento con el que nos va saturando la Junta de Andalucía con requerimientos, informes, papeles, estadísticas, actas, reuniones, me suenan cada vez más como un eco lejano. Algo inútil, que sé que está ahí, pero que en pocas ocasiones sirve para mejorar mi trabajo (no digamos mi vida)
Soy Javier, disfruto de la compañía de quien conmigo va, y ahora estoy ahí. Y si miro hacía atrás, veo que he tendido a ser individualista, un poco verso suelto. Es culpa mía, pero…
Cuando los días de lluvia me calo mi sombrero “western” y salgo a pasear con mis perras, solos en el parque, me transporto, y me siento eso, un hombre de frontera en una peli del oeste, de los que han hecho de todo un poco, y siguen buscando… mejor eso que aprendiz de mucho y maestro de nada…
Parece que siempre lo he sido. Pero de una cosa puedo estar seguro: sin ella estaría perdido.
 
 

domingo, 13 de enero de 2013

Frases hechas

Anoche Eva me comentó una noticia que yo ya conocía. Resulta que la Junta de Andalucía ha decidido crear un nuevo observatorio para realizar las funciones que hasta ahora realizaban los inspectores de educación. Es decir, duplicar funciones, gastos, y enchufar a más gente a la que pagar con dinero público, con la agravante de conseguir probablemente resultados mediatizados, a gusto del que paga. Y eso en plena crisis.

Y era lo que me faltaba. Cuando me iba a acostar me acorde de una frase hecha que no se si existía antes, pero que yo conocí a través de una canción de Serrat. “Harto de estar harto”. Estoy harto como ciudadano que soporta lo que todos, como funcionario que soporta recortes y medidas injustas y abusivas, y como profesor funcionario, que se enfrenta día a día al deterioro del sistema educativo sin que se tomen medidas pensadas que vayan a mejorar en realidad la educación.

Y estoy harto de estar harto de todo esto, todo el día con quejas, con protestas, de mal café. Tanto que te entran ganas de… Y en esas me acuerdo de otra frase, que tampoco sé si existe en el imaginario colectivo, pero que decía mucho mi abuelo: “tengo ganas de no tener ganas de lo que tengo ganas”. Y esa era justamente mi situación. Tanto dar vueltas a la cabeza con lo mismo, tanto malestar, tanto político incompetente y caradura, que entran ganas de…, pero en realidad yo tengo ganas de no tener ganas de eso, sino de tener el pensamiento calmado y pacífico.

Y recordé otra frase. Esta es en realidad un consejo de amigo. “A partir de los cuarenta hay que relajarse más, trabajar más calmado, tranquilito tío”.

Y sí. Eso haré. Voy a relajar mi propia tensión en el trabajo, a preocuparme menos. Pero ¿Eso cómo se hace? Esto me lo he estado intentando aplicar desde antes de haber cumplido los cuarenta. Y nada. No es fácil. O al menos a mi no me resulta todo lo fácil que debiera. Y lo intento.

No lo intentes. Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”. Frase del Yoda en El imperio contraataca. Vale. Pues ya la hemos liado, porque ya me gustaría trabajar menos, más relajado; pero no lo hago.

Harto de estar harto, tengo ganas de no tener ganas de lo que tengo ganas; pero debo relajarme que me sube la tensión, y no puedo dormir. Pues no sé. Y antes de caer me viene a la memoria una frase bastante más conocida, usada por cierto grupo sevillano con mucha precisión: Al carajo.

Esto me tranquiliza. Esto si que lo puedo hacer; no intentarlo: hacerlo. Mando al carajo a tanto mandria, aparco mis historias del trabajo, y vuelvo a escribir. Con este pensamiento me duermo lentamente. Y aquí estoy, escribiendo frases hechas.

 

♫Al carajo, al carajo, que se vayan al carajo♪

sábado, 17 de marzo de 2012

De mediana edad

Hace algún tiempo que pasé de ser considerado joven a ser incluido en un grupo socio-temporal de vaga definición, que ha venido en llamarse “mediana edad”. No es cuestión de ser pesimista, pero en realidad esa edad no es mediana. La mayoría de los incluidos ahí llevamos más tiempo aquí del que nos queda por delante. Yo voy a hacer todo lo posible porque en mi caso no sea así, pero las estadísticas son las que son.
Escribo esto porque quizá en esa mediana edad sea el momento de mirar hacia atrás y ver qué se ha aprendido, y mirar hacia delante y ver qué queda.
Vamos a ver. ¿Qué he aprendido yo hasta ahora? Pues, básicamente, bastante poco. He actualizado conocimientos, pero creo que en general cambiamos muy poco. Creo que en realidad casi todos seguimos siendo muy parecidos a como éramos de más pequeños, y que las grandes líneas de conducta siguen siendo las mismas. Yo pienso que sigo siendo el mismo niño tímido y retraído, con cierta dificultad de relación; ese niño que con su ingenuidad desesperaba a mi padre hasta hacerle decir “este niño se cree que los pájaros maman”; al que le ponían en las notas de párvulos que no decía mentiras. ¿Qué le vamos a hacer? Me sigue costando mucho imaginar que haya gente de mala voluntad, que actúa de mala fe de manera consciente. Aún me desarma que haya gente cometiendo fechorías de diversa consideración y lo niegue abiertamente.
Parafraseando (o más bien copiando) a mi viejo compañero Woody, ¿qué he aprendido yo hasta ahora? Pues que lo más importante es no ser un amargado. La mente abarca todas las aspiraciones nobles como poesía y filosofía, pero es el cuerpo el que se divierte.
Yo reconozco mis esfuerzos por mejorar, y ser más osado, más lanzado en algunas decisiones, y aunque sigo siendo ese crío apocado que miro cada vez desde más lejos, trato de tomarme las cosas como vengan y “no ser un amargado”.
Por otro lado, mi antiguo barbero, menos ilustre, pero igualmente sabio, decía que lo más importante era tener todos los dientes, y que se te pusiera siempre dura. No se exactamente a que se refería, pero por lo que imagino, creo que en este sentido aun no me puedo quejar.
Así que como no es que haya aprendido demasiado, tampoco me puedo imaginar que me queda por delante. Siempre espero que lo mejor esté por llegar. Pero es más fácil si hacemos algo por colaborar.
Es posible que a veces sea mejor guiarse por el corazón que por la cabeza, y, como puse hace unos días por ahí, dejar de arrepentirse de lo que no has hecho, para empezar a arrepentirse de lo que hagas. Aunque bien pensado, tampoco en eso me puedo quejar. Simplemente habrá que dejar de preocuparse tanto por según que cosas. Pero cómo cuesta. Si tuviera más constancia… ¿Vale esto como aprendizaje?
El llavero de las llaves de mi casa es del musical Billy Elliot. Es un lingote pequeño con una frase grabada, que recorro con los dedos cada día: “BE INSPIRED”
Pues eso.

domingo, 13 de noviembre de 2011

El lugar donde has sido feliz

Recuerda Lucía que Sabina, en una canción, tiene escrito que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Y se pregunta por qué no.
Volver. En este contexto de volver, se suele entender como “lugar”, como un espacio físico al que regresar. Pero ese espacio físico que recordamos, lo recordamos en un contexto temporal, lo recordamos unido a un momento, a una situación, a una realidad pasada. Cuando deseamos volver al lugar donde hemos sido felices, lo que esperamos encontrar es esa misma felicidad, sin ser conscientes de que la felicidad no nos la dio el lugar, sino el momento, la época, personas que puede que ya no estén. 
Constatar que no volvemos a ser tan felices como fuimos en ese lugar produce una sensación tan amarga, tan desoladora, que es mejor no regresar; mantener en la memoria el lugar de la felicidad y no pretender revisitarlo con esa intención, porque aunque el lugar existe, el tiempo, esa cruel lija, esa negra espalda, es distinto.
Sin embargo esos mismos lugares físicos en que hemos sido felices también poseen un algo eterno, un algo que no cambia y al que sí que podemos volver. La esencia de las cosas. Volver a un lugar supone tratar de volver a la esencia, no a repetir la experiencia de la felicidad, sino a capturar otras nuevas. Así no estás volviendo al lugar donde has sido feliz, sino que estás propiciando el futuro.
Volver a un tiempo pasado solo sirve para hurgar inútilmente en al tiempo. Mirar a la infancia, la adolescencia… Ya sea el pasado positivo o negativo, salir a su encuentro solo debe ser visitar, no permanecer.
Buscar. Volver. Nunca se visita el mismo sitio, no te bañas dos veces en el mismo río; y sin embargo, el río es eterno, fluye y no cambia, dando sensación de eterna permanencia. Heráclito y Parménides. Y total ¿para qué? Mañana volverá a salir el sol, el mismo sol eterno, estemos dispuestos o no.
Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Las cigüeñas de Ballavista siguen ahí

El invierno pasado ya escribí de ellas aquí. Y aun con la lluvia y el frío que ha empezado, siguen ahí, en las almenas de los cuarteles cerrados de Bellavista. Majestuosas, desafiantes. Las cigüeñas de Bellavista no se mueven.
En días como el que ha amanecido, plomizo y frío, con lluvia, se me viene a la mente. ¿Por qué no emigran, por qué no se van, ellas que pueden? No son galgos abandonados con peor suerte que mi Lola. Pobres. El frío, la lluvia, el hambre y el desconsuelo se irán apoderando de ellos.
Pero mis cigüeñas lo tiene claro. Rompen moldes, desafían, saben lo que quieren y no les importa arriesgarse. Perseveran hasta conseguirlo. Y ahí siguen. Hasta que la pala cavadora derribe su hogar permanente.
En días como los que ha amanecido, plomizo y frío, con lluvia, me gustaría ser más salvaje, como las cigüeñas de Bellavista, y menos humano, menos igual que los galgos abandonados, huidizos, desconcertados, con menos suerte que mi Lola.

lunes, 10 de mayo de 2010

Cumpleaños (y II)

Por ejemplo:
Independientemente de lo criticable que pueda ser mi estilo cuando me disparo, sé que si tengo cuidadito escribo de manera aseada, y a veces hasta con personalidad. He escrito algún relato, alguna obra de teatro… estudios, trabajos, trabajos de investigación… podría escribir, y me apetece, pero… enseguida pienso que no voy a ser lo suficientemente bueno, no voy a saber qué hacer con lo que escriba, y me rindo antes de empezar.
Yo siempre he disfrutado viendo cine. Es en realidad una parte fundamental de mi educación sentimental, musical, literaria… pero llegado a un punto en mi vida lo veía también con la idea de aprender para luego plasmarlo. Aprender la técnica, la historia… me encanta contar historias, combinar los recursos cinematográficos… y sé de historia y técnica del cine más de lo que yo mismo me creo, y lo compruebo cada vez que leo las llamadas publicaciones especializadas (revistas, blogs, prensa) Ahora que sé que no voy a hacer nada en el mundo cinematográfico profesional… podría escribir sobre cine… hay gente que vive de eso ¿por qué no yo? En lugar de cargarme de hastío soportando la desidia y la mala educación de mis alumnos, podría escribir sobre cine… pero ojeo la inacabable cantidad de blogs sobre cine que hay en la web y me echo para atrás, me asalta la pereza justificativa… ¿merece la pena haber aprendido tanto de cine, si no voy a plasmar mis conocimientos en nada?; ¿merece la pena intentar plasmar esos conocimientos si no se qué hacer en realidad?
¿merece la pena escribir si no lo lee nadie?
En fin, voy a hacer una lista de cosas pendientes para esta tarde, o para esta semana, a ver si así ocupo mis cuitas, y de paso, saco la ropa de verano.

Cumpleaños (¿I?)

Yo examino constantemente mi vida, mi entorno y el sentido metafísico de todo. Constantemente. Todo el día comiéndose el tarro. Pero cuando se acerca mi aniversario, involuntariamente, lo hago mucho más. Tiendo a hacer inventario. Y tiendo a deprimirme con el resultado. No sé si justificadamente o no.
A lo mejor tiendo a pedir demasiado a las cosas, o me impongo “obligaciones” que en realidad no lo deberían ser o no me llevan a ningún lado. Cuando no las hago, siento que pierdo la tarde, pero a veces pierdo las tardes sin hacer nada, y no se me ocurre afrontar ninguna de esas autoobligaciones. Total, ¿para qué?... Pero luego me digo que he perdido la tarde sin hacer nada.
Y hay cosas que podría intentar hacer para cambiar un poco la orientación profesional de mi vida, intentar cosas. Inmediatamente después pienso que no lo voy a conseguir y que de nada servirán los esfuerzos que haga.
Y la sensación que tengo desde hace tiempo es que llevo toda la vida estudiando, preparándome, y que no llego, que no he llegado a ninguna parte, no soy “experto” en nada, aun siendo consciente de que sé cosas. Sigo teniendo una especie de espíritu de aprendiz, que me paraliza ante el desafío de decir “aquí estoy yo, y soy muy bueno en esto, porque lo sé, sé que lo sé, y lo he estudiando”, sino que enseguida me pongo a la defensiva, y pienso que tengo que escuchar, y que el de más allá sabe más que yo, vale más que yo…

miércoles, 5 de mayo de 2010

El mucho amor

Cantad, cantad con nostalgia
en la verde llanaura
la mucha amistad es fingida,
el mucho amor, mera locura.

Como gustéis. Acto II.  Escena VII

La costumbre, la voluntad o como se quiera decir.

La costumbre, ese monstruo que destruye las inclinaciones y afectos del alma, a pesar de ser un demonio en materia de hábitos, tal vez es un ángel cuando sabe dar a las buenas acciones una cierta facilidad con que insensiblemente las hace parecer innatas. Conteneos por esta noche: este esfuerzo os hará más fácil la abstinencia próxima, y la que siga después la hallaréis más fácil todavía. La costumbre es capaz de borrar la impresión misma de la naturaleza, reprimir las malas inclinaciones y alejarlas de nosotros con maravilloso poder.




Hamlet. Acto II. Escena XXVIII

domingo, 18 de abril de 2010

Domingo tarde

Con los días cada vez mas largos, con las tardes cada vez más luminosas (ese color ocre lento que ya van teniendo las tardes, esa luz renacida que parece que se derrama espesa como yema de huevo sobre todas las cosas y las hace inmóviles), a ver quien es el guapo de ser responsable, y retirarse pronto, con la vitalidad que la luz te pega al cuerpo.
Y con la Feria ahí al lado.
Anda...

A vivir que son dos días, y uno llueve.
Como hoy, lo cual no ha sido óbice para no ir a comer.

sábado, 3 de abril de 2010

Ese cine que me atrapa

Esta entrada va a ser marcada y conscientemente melancólica. Vaya eso por delante. El Miércoles Santo por la noche pillé empezando una película que tengo en dvd (ahora descatalogado, por cierto) y me pegué. La tienes en dvd y no encuentras un momento para verla; la ponen en la tele, y como que te fuerza y… Se trataba de El jinete eléctrico, una peli de los años setenta, con Robert Redford y Jane Fonda. No es una gran película. Pero es bonita. Como buena parte de las películas de los setenta, su desarrollo y su excusa argumental es deslavazado, pero trata temas como la libertad de espíritu en el mundo moderno, la honestidad, el ser uno mismo… cosas heredadas de los movimientos de los sesenta. Cierto que esos temas también salen en las buenas películas del oeste o de cine negro, pero el tratamiento en las de los setenta es distinto, más libre. Yo he crecido viendo películas como esta, y como las otras. No esta exactamente, que la vi más tarde, pero con esos tipos, esos personajes.
El tema es que ésta me agarró solo y me capturó, y, sin razón ni dirección concreta, me hizo evocar mis tiempos pasados, de cine de sábado por la tarde, o de estudiante, cuando llegaba tarde a casa y me ponía a ver películas en lugar de acostarme; me recordó a otro montón de películas de los setenta, me llevó a lugares en donde nunca he estado pero sí que he visitado, me hizo recordar situaciones que nunca he vivido, pero de las que tengo huellas. Y fui por momentos Gene Wilder en El expreso de Chicago, Sean Connery en Odio en las entrañas, Robert Redford en Las aventuras de Jeremiah Johnson, Al Pacino en Autor, autor… hasta Woody en Sueños de un seductor, dejándose llevar, como él, por los consejos de una estrella de cine.
Supongo que esa es la finalidad del cine. O del arte en general, no sé. La de agarrarte, en cualquier momento y aunque no sea una obra maestra, y llevarte a ti y sólo a ti, a lugares remotos que no has conocido, pero te suenan, o te sonarán a partir de ahora. La ventaja del cine es que ahora (y ahora más que nunca) se puede ver en soledad, como se lee un libro o se oye una grabación. Y en la oscuridad de tu salón, solo, te puedes dejar llevar, te pueden zarandear, sufrir una catarsis y volver a cargarte de energía. Puedes oír a Robert Redford decirle a su caballo (a ti mismo, al oído) “aprovecha la vida”.

viernes, 12 de marzo de 2010

Las cigüeñas de Bellavista

Hoy he vuelto a ver a las cigüeñas de los cuarteles abandonados de Bellavista. Cuando pasas en bici y ellas vuelan un poco bajo te puedes dar cuenta de su magnifica envergadura. Hasta donde yo sé las cigüeñas son aves migratorias que pasan el invierno en zonas cálidas. Se unen en pareja durante toda la vida, y vuelven siempre a su mismo nido. Supongo que a las de Bellavista nadie se lo explicó, y no se acordaron de ir a África, y están ahí perennemente. Tampoco sabrán (nadie se lo ha debido contar todavía) que toda esa zona de cuarteles será derruida para hacer más casas, más suelo terciario. Para más bloques de hormigón, en suma. Supongo que plantearse reconvertir esos cuarteles en espacios culturales juveniles, o hasta en botellódromo, es exigirle demasiado a los políticos. Compartimos con otros animales las bases del razonamiento. Así no debe sorprendernos descubrir que los políticos razonen menos que unas cuantas familias de cigüeñas que se negaron a migrar.
Pienso todo esto mientras vuelvo. Estoy un poco trastocado. Últimamente me han llamado sereno, serio, triste no, melancólico. Y hoy (ayer en realidad) me han llamado lúcido. Me siento alagado, perplejo. Se me lee y con eso puedo sentirme bien. Pero ¿me estaré haciendo viejo realmente? Sereno y lúcido. Tshit. Y ahora me da por pensar en las cigüeñas. Y criticar a los políticos.
Y recuerdo un artículo de Javier Marías. Las cigüeñas son aves protegidas. Cuando tiren los cuarteles ¿qué pasará con esos nidos, a los que las cigüeñas siempre vuelven? Me imagino que alguien habrá pensando en eso. Aunque conociendo a la clase que dirige estas cosas… en el artículo de Javier Marías se llegaba a la conclusión que sólo la Guardia Civil del Seprona se preocupa en la práctica de los bichos protegidos. Que ironía. Los cuarteles abandonados de la Guardia Civil sirven de cobijo a las cigüeñas hasta que sean desalojadas y si no es la propia Guardia Civil, no sé quién se acordará de sus nidos.
Y pienso todo esto. Y pasan sobrevolando. Y sigo confuso. ¿Buscan las cigüeñas, como nosotros, apoyo en las relaciones afectivas? Según parece, el entramado afectivo que nos rodee es la base para resistir los avatares (:)) del destino. En ello se incluirán, supongo, las nuevas redes sociales, se comporten como se comporten, y los blogs. El notar, siquiera sea de lejos que hay gente que lee estas cosas, reconforta. Mañana hay reunión teatrera. Relaciones afectivas.
Tengo que escribir todo esto. Aunque no se si reconfortará al que lo lea.
Apostadas en las almenas, las cigüeñas, míticas, observan el tráfico desde arriba, ajenas a su futuro. Ajenas a todo esto.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Melancolía

Resulta que Mari Carmen también encuentra que soy melancólico. Pero no triste, melancólico, así callado, serio, como yo soy; que escribo como en realidad soy. Con esa idea no parece estar de acuerdo Eva, que dice que no cree que escriba como yo soy, sino que ese es mi estilo escribiendo.
Al parecer tengo estilo escribiendo. Ya es algo. Aunque creo que este no va a ser el escrito más recordado.
Decido buscar melancólico en el diccionario, porque el otro día oí hablar de melancolía a una periodista en torno a declaraciones del Presidente del Gobierno, y me siento confundido. A ver si al final no voy a saber como soy, aunque tenga estilo escribiendo…
Según el drae, melancólico viene a ser “tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada”. Así pues debo entender que Mari Carmen se refiere más bien a lo sosegado de mi carácter. Es cierto que escribiendo, como es un proceso más reflexivo, y la reflexión siempre me lleva a lo mismo, resulto un poco mas así, melancólico. Pero ¿incapaz de encontrar gusto ni diversión por nada? Hombre, yo en persona trato de divertirme con casi todo. Otra cosa es que pillarse con la cremallera pueda ser divertido, si te pasa a ti. Si le pasa a otro… aahhh.
Yo creo que tras la melancolía con la que escribo siempre deslizo un halo de humor, aunque sea cínico.
Hoy María Moliner tampoco disipa dudas. Aunque generalmente resulta más clara: propensión a la tristeza. Esta quizá sea más cierta. Pero que conste: no soy un triste. A decir del diccionario, soy sosegado. Eso no quiere decir viejo ¿no? ¡Que estoy haciendo 23 abdominales superiores perfectas en 20 minutos!
¿Tengo cuando escribo propensión a la tristeza? ¿Estoy triste y por eso escribo? ¿Tengo estilo si escribo melancólicamente? ¿Te gustan las películas de gladiadores?

sábado, 6 de marzo de 2010

Más allá de los sueños

No pensaba Miguel Cisneros lo que su “experimento en red social” se iba a extender. O quizás sí: “nunca se sabe quien puede estar leyendo” es una de las frases que una vez me regaló Miguel como base de trabajo en Internet. Y no sólo en Internet.
El caso es que mi anterior entrada (Mis sueños), escrita bajo la influencia del experimento propuesto por Miguel, ha ido teniendo sus propias repercusiones. He tenido repuestas de correos, llamadas, ¡y hasta un comentario! Todas las respuestas y comentario los agradezco enormemente. He recibido reflexiones muy interesantes sobre los sueños en el sentido de proyectos, deseos, o como quiera que se desee definir. A estas alturas ya sabemos de qué hablamos.
Hay quien va cumpliendo sus sueños, quien espera cumplirlos, o cambiarlos por otros. O los desarrolla al día. La conclusión global (generalizando y resumiendo mucho. Perdonad) es que los sueños deben articular el devenir diario, que cada día se acerque de algún modo a lo que queríamos vivir, sin necesidad de una meta tan determinada como la consecución de un objetivo. Aunque también hay que tener objetivos concretos a corto o largo plazo, tengan o no probabilidades de cumplirse. Como bien dice Antonio, esos sueños que no se cumplieron también forman parte de uno mismo, moldean tu personalidad. En mi caso, es posible que si se hubieran cumplido fuera una persona distinta, que incluso me gustara menos de lo que me soporto ahora.
Pero en esas respuestas y reflexiones he notado que he debido transmitir cierto tono melancólico. Supongo que hablando de sueños no cumplidos es normal. Aun así le pregunto a Eva y dice que mis escritos tienen un tono melancólico. Pero no ahora; de siempre. O sea, que soy un triste. No, pero los escritos… tienen ese tono…
Quien no me conozca en persona y me lea (eso sí que sería una sorpresa, algo que agradecería a los dioses con más intensidad de lo que ya agradezco a los que me conocen y aun así me leen) debe sacar entonces esa conclusión. Pero claro a lo mejor es por ese tono melancólico por lo que precisamente me lee. En fin…
Aunque es posible que el escrito tenga ese tono, el día de hoy siga siendo gris, y tenga mis momentos tristes, quiero buscar lo positivo, guiado por todos esos mensajes. Sí, es cierto que determinados anhelos nunca llegaron a cuajar del todo. Pero otros sí. Y si además miro hacía atrás, lo que me encuentro son los pequeños hechos del día a día que me hicieron pasar un buen rato, independientemente de los “sueños”. Y recuerdo entonces una frase de John Lennon que viene al pelo, muy utilizada pero muy mal citada. Voy a citarla bien, a ver si sirve de precedente: pertenece a la canción “Beautiful Boy” compuesta para su segundo hijo, Sean: Life is what happens to you while you’re busy making other plans. (“La vida es lo que te sucede mientras estas ocupado haciendo otros planes”. Si cambiamos “planes” por “sueños”, ya está dicho todo)
Así pues, en realidad, mientras escribo esto, sueño arriba, sueño abajo, escribiendo cumplo unos de mis New Year’s Resolutions, que no se si serían sueños, proyectos o qué, porque, de hecho los New Year’s Resolutions se hacen para cumplirse. Pero es que escribiendo también cuento cosas, que resume buena parte de lo que más me interesa del mundo del cine y del teatro. Y no digamos si, como en el otro blog (las 25 mejores, perdon por la publicidad, pero…) escribo sobre cine, teatro, y música. Sobre todo ahora, que "incrusto" videos de you tube para ilustrar de lo que escribo. Es genial.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Mis sueños

Miguel Cisneros, un inquieto impenitente a quien tuve la suerte de conocer por nuestro común interés por el teatro, ha realizado un curioso “experimento en red social”, lanzando una pregunta por sus contactos de tuenti: “¿Cómo van tus sueños?”. El resultado, que podéis comprobar aquí, resulta curioso, y, por momentos, sorprendente. Personalmente, lo que más me llama la atención es que haya habido tan poca gente, según cuenta Miguel, que identifique el término “sueños” con el significado de “ilusiones” o “proyectos”. Quizá, ante una pregunta directa y personal, formulada a contactos a lo mejor no tan directos o personales, y cuya respuesta podría ponerse escabrosa o melancólica, el personal prefiere escurrir el bulto y salirse por la tangente.
Como yo no estoy en tuenti, no fui preguntado (no se si por fortuna), y no se me planteó la disyuntiva. Creo que hubiera contestado: casi siempre contesto los mensajes de Miguel. Pero no sé en que sentido. Lo cierto es que me hubiera hecho cavilar. Como estoy haciendo ahora. Y ya que estoy, llevado por mis cavilaciones, y aun a riesgo de ponerme “melancólico”, reviso mis “sueños”.
Si uno busca en Google “sueños” las primeras entradas se refieren a la interpretación de los sueños, en el sentido de la actividad cerebral desarrollada mientras se duerme. No es extraño, después de todo, buena parte de las respuestas recibidas en el experimento. Así que mejor acudo al diccionario. El Drae resulta tajante en su sexta acepción: “Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse”. Joder. Pues que mal. Muchos de mis sueños no se han realizado, pero hubo probabilidad. Quiero pensar que aun la hay. Pero claro, esta definición es una entelequia imposible: si se cumplen es que entonces no eran sueños. Con lo que siempre van bien si no se cumplen, porque si se cumplen dejan de serlo. Acudo a María Moliner. Ella sí da un poco de cuartel en su quinta acepción: “Cosa en cuya realización se piensa con ilusión o deseo”. En fin, ilusión y deseo por realizarlo. Esto sí.
Podría decir que a estas alturas de mi vida (para muchos lectores -¿?- mi edad es un secreto de estado, aunque mirando por ahí es fácil de deducir) es el momento de hacer balance y todas esas cosas. Pero en realidad yo estoy siempre comiéndome el tarro y haciendo balance, así que este es tan buen momento como cualquier otro.
¿Cómo van mis sueños? Mi sueño más evidente para todo el que me conozca tiene que ver con el cine y el teatro. En realidad con contar historias y vivir e imaginar otras vidas. En los New Year’s Resolution de hace unos días no había nada de esto. Pero si surgiera la posibilidad, lo dejaría todo aparcado. Desde luego.
Hacer balance de mis cosillas de cine y teatro resulta… ¿melancólico? ¿el pudo haber sido y no fue?... No es plan enumerar. Simplemente creo que puedo decir que en algún momento llegué a jugar en la segunda división del mundo audiovisual, tuve alguna oportunidad de jugar “con los grandes” que no cuajó, y la ilusión y las posibilidades se las fue llevando el tiempo. Bruscamente en alguna ocasión. En teatro he jugado en casi todas las categorías, manteniéndome durante mucho tiempo, con interrupciones, en categorías juveniles.
Y también puedo decir, y que no suene a fantasmada, que sé de cine y teatro a todos los niveles (historia, técnica, música…) más que la mayoría de las referencias que encuentro por esas páginas, blogs y mundos de dios. Y que por eso abrí un blog donde contar cosillas de cine. Las 25 mejores. Pero con tanto blog, tanta gente escribiendo por ahí, aunque sea de forma menos precisa, da cierta pereza. Lucho contra ella, pero también aparece en mi contra la falta de sentido de todo este trabajo, y me dejo llevar por la desidia. En fin…
Otros sueños (¿proyectos? ¿Se pueden cumplir y seguir siendo sueños?) van mejor; otros sí que se cumplieron (¿Ya no son sueños?) Pero de eso escribiré otro día, que hoy ya llevamos bastante.
Para terminar solo se me ocurre una frase de cine, un tanto conciliadora:
Los viejos sueños eran buenos sueños. No se realizaron, pero me alegro de haberlos tenido. No se bien que significa, pero…
Robert Kincaid (Clint Eastwood)
Los puentes de Madison