Mi existencia reflejada en los espejos cóncavos del Callejón del Gato

jueves, 15 de abril de 2010

Ayer y hoy

Cuando ayer fui a recoger a Carlos al mediodía, hubo una madre de un compañero de Carlos que se sorprendía de que tuviera tiempo para todo: “traes a los niños, los recoges, luego te veo paseando a los perros, trabajas,… si encima haces algo en casa”. Cuando le contesté que cocino y hago cosillas, me dijo que me tendrían que clonar. Le dije que parece mucho más de lo que es, pero ella se sonreía.
En realidad en muchas cosas de casa (y del trabajo, y de todo, vaya) soy procastinador. Pero hay días que sorprenden. A ver ayer.

Ayer
Levantada: Oficial, 6’30. Estaba tan cansado del lunes (montada en bici, acostada tardía) y del martes (reuniones hasta las nueve menos cuarto, acostada más tardía), que me cuesta plantearme la tabla de abdominales habitual. La pereza me puede, estiro algo y crujo la espalda, pero como tenemos planteado montar en bici por la tarde, lo dejo.
Niños vestidos: Dos medios. Se levantaron con tiempo y ganas, así que Eva pudo ponerles camisetas y calcetines. Yo los completé.
Niños desayunados: Dos.
Niños repartidos: Dos, en tiempo y forma.
Camas hechas: Una. La de matrimonio. Me toca los miércoles.
Pares de zapatos recogidos: Cuatro, que andaban dispersos: de la bici, de las abdominales, olvidados. (Tenía cuatro pares de zapatos por medio, si lo sé, soy un desatre. Yo lo llamo procastinar) Resultado: satisfactorio.
Bajadas al trastero: Una. La cafetera antigua y el jamonero. El jamón se ha acabado. Justo pa la Feria.
Lavadoras puestas: Dos. Una oscura y otra clara. (Mucha ropa: procastinar) 
Lavadoras sacadas: Dos. Resultado: Satisfactorio.
Secadoras: Tres. Una de ropa tendida anteriormente, pendiente de secado.
Tendidos recogidos: Dos. Resultado: Normal. La ropa de los niños la guarda habitualmente Eva. Fuente de conflictos constante.
Tendidos pendientes: Uno.
Camisas dobladas: Dos. Pendientes desde la plancha del viernes. Resultado: Satisfactorio.
Pares de calcetines recogidos: seis.
Gayumbos: tres.
Mensajes contestados: Uno. Recibí con sorpresa hace unos días un mensaje de un antiguo compañero del cole. Ayer pede contestar. Resultado: optimo: me contestó en seguida y estoy pendiente de contestarle.
Comentarios escritos: Uno. Lucía.
Pedidos realizados: Uno. Dos CDs de Mancini (he pecado, again)
Clases lectivas: Una. Laboralmente hoy es el día ideal. Si fuera un grupo bueno, sería la caña.
Guardias: Dos. Tranquilas.
Almuerzos preparados: Primer plato. Pero fácil; (tenemos prisa porque después de recoger a Carlos vamos a ir a Ikea. A estas alturas todavía pensaba montar en bici después) En fin, pasta con tomate y atún. Resultado: mejorable.
Niños recogidos: Uno. Es cuando sucede el comentario elogioso. Fui en coche, para luego ir a Ikea. Habitualmente voy en bici.
Sillas compradas en Ikea: Seis. Para la terraza. Otras compras: olla de pasta, vaporera, dos fregonas.
Deporte en Ikea: Acompaño a Ángel al servicio (Carlos ya había ido con Eva) Eso implica un paseo por todo el centro comercial. Hacemos pesas levantando las sillas y cargándolas en el carro y después en el coche.
Donuts consumidos: Uno. Resultado: medio.
Cafés consumidos: Uno. Resultado: me quemé la lengua. Todavía la tengo lastimada.
Mesas compradas: Una. Hipercor. La llevan a casa. Ya eran las seis y media, no había bici.
Cenas preparadas: Dos: la de los niños (arroz del puchero; Ángel estaba sueltecillo) y la nuestra (Ensalada de atún con pimiento rojo y cebolla frita) Resultado: Satisfactorio.
Niños bañados: Dos. Resultado: Satisfactorio.
Niños acostados: Dos.
Minutos de televisión: Unos 20. El final de The closer, en calle trece mientras cenábamos.
Paseo de perros: Uno. Breve. Lola no había terminado durante el paseo con Eva, porque les sorprendió la lluvia. Resultado: Satisfactorio; Lola “terminó”, llamé a mi padre mientras y hablamos de la Feria inminente…
Camita: A las doce y cinco. Un poco de lectura y a cerrar los ojos.
No está mal, después de todo.

Hoy.
Se preveía un día aligerado, porque hoy el ayuntamiento convoca competiciones deportivas entre institutos, que se llevan cabo en Hytasa. Como yo detesto el deporte, la competición y a buena parte de mis alumnos que compiten, me abstuve de ir. Pensaba que no iba a venir casi nadie, y he tenido todas las horas de clase. Descafeinadas, eso si, ya que tampoco puedes avanzar demasiado póquer hay ausencias justificadas. En la guardia escribo esto. En fin.
Pero supongo que de todas formas el día no será tan ajetreado como ayer.
Levantada: Oficial, 6’25. Hoy no hay tabla de nada, porque entro a las 8’15. Tiempo justo de ducha, vestirse, despertar, vestir, desayunar y repartir a los niños.
Niños vestidos: Dos
Niños desayunados: Dos.
Niños repartidos: Dos, en tiempo y forma.
Horas lectivas: Cuatro.
Guardias: Una.
Previsiones: Lluvia al 50 %. Saxofón: moderado. Pero el jueves pasado ya toqué, después de mucho tiempo. Recogida de Carlos en bici. Hoy no habrá lavadoras, ni ropa pendiente, ni otras cosas. Pero si prepararé el almuerzo, aunque todavía no se qué.
Ya veremos.

miércoles, 7 de abril de 2010

Semana Santa

Resulta que en el cuadro de ahí al lado (“Lo que sucede mientras estoy ocupado haciendo otros planes”) tengo enlace a mis últimas entradas en twitter (mi twitter, por cierto, es Peroringo). Pero he descubierto que no en todos los ordenadores, navegadores o lo que sea, se leen los tweets. Me he pegado la Semana Santa dejando breves mensajes que igual no se han podido leer con la misma regularidad. Así que me voy a hacer un pequeño repaso de la Semana Santa, que ha sido muy intensa, aunque no en le sentido religioso, y aunque no hayamos ido a la playa.

Sábado antes del Domingo de Ramos. (¿Sábado de Adviento? ¿Sábado de Gloria?...)
Nos levantamos tempranito (esos niños), y yo en plan casero, sin ducharme ni nada, me fui a dar un paseo con los perros. Cuando volví ya estaban todos vestidos, y Eva me preguntó si íbamos a ir a Decathlon. Yo ya no lo recordaba, pero es que en la tienda esta que hay en Alcalá enseñan a patinar a niños, y antes se pueden probar los patines. La “clase” era a las diez y media o las once, así que si salíamos ya, estábamos justos (no ducha). Llegamos a tiempo de que Carlos se probara los patines en línea, pero no hubo manera de que evolucionase de manera positiva. No aguantó para asistir a clase, y lo dejamos. Eso sí, mientras, yo aproveché para montar en patinete por mitad de la tienda antes de que me hicieran notar la prohibición de ir más allá de la zona de los patines. No creía yo que fuera a ser capaz de montar, pero la verdad es que es muy sencillo.

Después de esto, de comprarme unos zapatos de marcha (en el sentido deportista de la palabra) y de que los niños montaran en los columpios que hay fuera de la tienda, nos fuimos de tapas con Jose y Mabel y sus niños. Vamos, que almorzamos en la calle. Tomamos café en su casa mientras los niños (los de todos) desmantelaban el dormitorio, y nosotros habláramos de cosas de Semana Santa (lo mal que sientan las torrijas comidas sin medida…) Así hasta las seis, porque ellos tenían que ir a una merienda cofrade con la familia de Jose (café y torrijas, suponían).
Domingo de Ramos.
Como es tradición en mi familia desde que yo tengo memoria (recuerdo, quiero decir), almorzamos por ahí. Elegimos un sitio a medio camino entre lo elegante y lo familiar, por si los niños, pero la verdad es que se portaron muy bien: La Piamontesa. Previamente, y según la tradición, asistimos a misa de doce en San Buenaventura (donde desde hace años coincido con mi antiguo profesor de latín, Antonio Rodas, y su hermano gemelo), nos hicimos las fotos en la entrada de los palcos y demás.
Por la tarde a casa a descansar.
Lunes Santo.
Nos planteamos el día casero, pero aun así me duché, por si acaso. Trabajar en casa y poner orden. Un montón de ropa limpia que guardar, más lavadoras que poner y un montón de papeles que tirar. Son las consecuencias de una semana de evaluaciones y fin de semana de dispendio. Después de comer, cuando más aburrido estaba, planteándonos si nos íbamos a ir a la playa o no, llegó la cafetera expreso automática Delonghi que Eva había encargado a través de la web, y que vamos a pagar en 10 meses sin intereses. Muele el café, lo hace y arroja los desperdicios internamente. Y el café que hace es buenísimo. Solo hay que comprar un buen café en grano. Ya teníamos cubierta la tarde, porque como estaba lloviendo, no había mucho plan de calle.
Martes Santo.
Fuimos de cofradías. A ver el Cerro, que sobre la una y media pasa cerca de casa de mis padres, con poquita gente, y posibilidad previa de aparcar. Después comimos por allí. A los niños les llama mucho la atención los pasos, los nazarenos, la gente, la música. Ésta última tanto, que luego quieren oír “música de semana santa”. A falta de otra cosa que pillar por casa, le pongo la Marcha Imperial de La Guerra de las Galaxias, y les encanta.
Por la tarde fuimos al lidl a comprar una máquina de hacer pan. Estamos cada vez más autónomos. Tengo que aprender a destilar cerveza, y ya…
Miércoles Santo.
Llegó un pedido de dvds. Al diablo las New Year’s Resolution. De hecho, la semana anterior había recibido otro pedido de dvds descatalogados, que encontré por ahí, así como un pedido de cds de segunda mano. Ya digo, al diablo las new years…
También el miércoles fuimos de cofradías, a ver La Sed. También pasa por mi antiguo barrio, con poca gente y a la ahora de comer. Pero esta vez fuimos en bici, con tándem incluido. El aspecto general era de guiris despistados. El personal se sorprendía de lo bien que hablaban español.

Lo pasaron muy bien, así que de vuelta a casa, mas Marcha Imperial (es el tema de Darth Vader), y a leer las instrucciones de la máquina de hacer pan.
Por la noche me pilló El jinete eléctrico, mientras Eva estaba en el ordenador, y terminé viendo también el dvd de El hombre que susurraba a los caballos. En fin, de esto ya he escrito.
Jueves Santo.
Como ya hoy no sé de más cofradías que pasen por mi barrio, decidimos no ir de cofrades. Hacer cosas en casa. Pan, para empezar. Con una harina preparada, comprada también en el lidl. Sale un pan bastante aceptable, quizá un puntín salado.

Por la tarde saqué a toda la manada por el barrio: los niños en triciclo y coche de pedales, Eva probando los patines, y los perros de paseo. Y yo al cuidado del rebaño.
Por la noche vimos Nine. Está bien y punto. No me pareció gran cosa, ni tampoco entendí muy bien el por qué de la nominación al Oscar de la Pe.
Viernes Santo.
A estas alturas ya habíamos decidido no ir a la playa, ni ir de cofradías. Así que a poner el césped artificial en la terraza azotea. El Viernes Santo, día de penitencia religiosa por antonomasia, yo me preparé mi propia expiación de pecados: encerrados en casa, casi todo el día de rodillas (alisé el suelo de la terraza), y con terribles sonidos (Gladiator B.S.O.). Además preparé, hice y compartí pan de pasas y almendras con mis suegros, que vinieron a comer.
Por la tarde extendimos el césped artificial. Fue un día de mucho trabajo, pero al final mereció la pena.

Esta noche vimos Appaloosa, un western de Ed Harris. No está mal, aunque tampoco me pareció gran cosa. Hace unos años Kevin Kostner dirigió y protagonizó otro western, Open Range, que no ha visto nadie, y es muchíiisimo mejor.
Sábado Santo.
Ya de recogida de la semana, fue un día más tranquilito. Terminamos de colocar el césped y recolocar las macetas y el mobiliario de la terraza. Pasé un poco de miedo cuando Eva empezó a decir que se iba a deshacer de los elementos inútiles de la casa. Creí que me dejaba en la calle. Pero no, no hablaba de eso, era solo de la antigua barbacoa, y del tendedero.
La terraza quedó genial. Para celebrarlo hice masa de pizza y cenamos pizzas caseras. Hice demasiado, los niños no comieron tanta, y nosotros nos pusimos púos.
Para pasar la indigestión, esa noche revisé pelis de Woody y un buen trozo de Robin y Marian. No quiero ni pensar en la nueva versión de Robin Hood del Ridley Scott.
Domingo de Resurrección.
La vuelta al vida: organizamos una pequeña barbacoa, con material (gambones y buey) suministrado por mi padre. Aprovechando su presencia en casa dimos los últimos toques a la terraza: descolgamos la barbacoa por la fachada, instalamos el semáforo y nos deshicimos del tendedero.
Cansados, nos metemos en la cama pronto, sin pelis ni nada, que mañana hay que trabajar. Vuelta a la ¿vida?

sábado, 3 de abril de 2010

Ese cine que me atrapa

Esta entrada va a ser marcada y conscientemente melancólica. Vaya eso por delante. El Miércoles Santo por la noche pillé empezando una película que tengo en dvd (ahora descatalogado, por cierto) y me pegué. La tienes en dvd y no encuentras un momento para verla; la ponen en la tele, y como que te fuerza y… Se trataba de El jinete eléctrico, una peli de los años setenta, con Robert Redford y Jane Fonda. No es una gran película. Pero es bonita. Como buena parte de las películas de los setenta, su desarrollo y su excusa argumental es deslavazado, pero trata temas como la libertad de espíritu en el mundo moderno, la honestidad, el ser uno mismo… cosas heredadas de los movimientos de los sesenta. Cierto que esos temas también salen en las buenas películas del oeste o de cine negro, pero el tratamiento en las de los setenta es distinto, más libre. Yo he crecido viendo películas como esta, y como las otras. No esta exactamente, que la vi más tarde, pero con esos tipos, esos personajes.
El tema es que ésta me agarró solo y me capturó, y, sin razón ni dirección concreta, me hizo evocar mis tiempos pasados, de cine de sábado por la tarde, o de estudiante, cuando llegaba tarde a casa y me ponía a ver películas en lugar de acostarme; me recordó a otro montón de películas de los setenta, me llevó a lugares en donde nunca he estado pero sí que he visitado, me hizo recordar situaciones que nunca he vivido, pero de las que tengo huellas. Y fui por momentos Gene Wilder en El expreso de Chicago, Sean Connery en Odio en las entrañas, Robert Redford en Las aventuras de Jeremiah Johnson, Al Pacino en Autor, autor… hasta Woody en Sueños de un seductor, dejándose llevar, como él, por los consejos de una estrella de cine.
Supongo que esa es la finalidad del cine. O del arte en general, no sé. La de agarrarte, en cualquier momento y aunque no sea una obra maestra, y llevarte a ti y sólo a ti, a lugares remotos que no has conocido, pero te suenan, o te sonarán a partir de ahora. La ventaja del cine es que ahora (y ahora más que nunca) se puede ver en soledad, como se lee un libro o se oye una grabación. Y en la oscuridad de tu salón, solo, te puedes dejar llevar, te pueden zarandear, sufrir una catarsis y volver a cargarte de energía. Puedes oír a Robert Redford decirle a su caballo (a ti mismo, al oído) “aprovecha la vida”.

viernes, 12 de marzo de 2010

Las cigüeñas de Bellavista

Hoy he vuelto a ver a las cigüeñas de los cuarteles abandonados de Bellavista. Cuando pasas en bici y ellas vuelan un poco bajo te puedes dar cuenta de su magnifica envergadura. Hasta donde yo sé las cigüeñas son aves migratorias que pasan el invierno en zonas cálidas. Se unen en pareja durante toda la vida, y vuelven siempre a su mismo nido. Supongo que a las de Bellavista nadie se lo explicó, y no se acordaron de ir a África, y están ahí perennemente. Tampoco sabrán (nadie se lo ha debido contar todavía) que toda esa zona de cuarteles será derruida para hacer más casas, más suelo terciario. Para más bloques de hormigón, en suma. Supongo que plantearse reconvertir esos cuarteles en espacios culturales juveniles, o hasta en botellódromo, es exigirle demasiado a los políticos. Compartimos con otros animales las bases del razonamiento. Así no debe sorprendernos descubrir que los políticos razonen menos que unas cuantas familias de cigüeñas que se negaron a migrar.
Pienso todo esto mientras vuelvo. Estoy un poco trastocado. Últimamente me han llamado sereno, serio, triste no, melancólico. Y hoy (ayer en realidad) me han llamado lúcido. Me siento alagado, perplejo. Se me lee y con eso puedo sentirme bien. Pero ¿me estaré haciendo viejo realmente? Sereno y lúcido. Tshit. Y ahora me da por pensar en las cigüeñas. Y criticar a los políticos.
Y recuerdo un artículo de Javier Marías. Las cigüeñas son aves protegidas. Cuando tiren los cuarteles ¿qué pasará con esos nidos, a los que las cigüeñas siempre vuelven? Me imagino que alguien habrá pensando en eso. Aunque conociendo a la clase que dirige estas cosas… en el artículo de Javier Marías se llegaba a la conclusión que sólo la Guardia Civil del Seprona se preocupa en la práctica de los bichos protegidos. Que ironía. Los cuarteles abandonados de la Guardia Civil sirven de cobijo a las cigüeñas hasta que sean desalojadas y si no es la propia Guardia Civil, no sé quién se acordará de sus nidos.
Y pienso todo esto. Y pasan sobrevolando. Y sigo confuso. ¿Buscan las cigüeñas, como nosotros, apoyo en las relaciones afectivas? Según parece, el entramado afectivo que nos rodee es la base para resistir los avatares (:)) del destino. En ello se incluirán, supongo, las nuevas redes sociales, se comporten como se comporten, y los blogs. El notar, siquiera sea de lejos que hay gente que lee estas cosas, reconforta. Mañana hay reunión teatrera. Relaciones afectivas.
Tengo que escribir todo esto. Aunque no se si reconfortará al que lo lea.
Apostadas en las almenas, las cigüeñas, míticas, observan el tráfico desde arriba, ajenas a su futuro. Ajenas a todo esto.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Reunión teatrera

Esto del blog tiene una desventaja. Si quieres contar varias cosas que no tengan relación entre si, y que hayan sucedido al mismo tiempo, pues… o sale un mensaje muy largo, y no se lee, o haces varios mensajes y lo que primero que publiques ya no se lee. En el supuesto que el blog se lea. En fin.
La mañana de hoy terminó muy bien. Me encontré al llegar al instituto que había tenido una llamada al móvil. Como iba en moto no la pude contestar. Era de Dani. Que quería reunir al grupo teatrero. A los llamados “amigos del teatro”. Invitaba el sábado en su casa y casi todos estaban avisados. Yo estaba pendiente de comprobar si el sábado teníamos enredo en casa. Al final no, y podemos ir.
Hace un montón que no reunimos a todo el grupo. Todavía no se si estaremos todos, porque cuando hablé con Dani, Kiko todavía no había sido localizado.
Pero el tema es que aparte de vernos, van a ser anunciados (a menos que lean esto, mamones) de que al fin se ha podido digitalizar la grabación de Dios de 1990. Formaba parte de mis new year's y todo eso...
Pero solo eso, porque la edición está en preparación. Será una edición con material adicional, menús interactivos, extras… que todavía no está disponible. Cuando esté, será la excusa perfecta para una nueva reunión: haré copias para todos, y visualizaremos la edición especial coleccionista…
Hasta entonces, la edición normal está descatalogada. Como E.T.

Melancolía

Resulta que Mari Carmen también encuentra que soy melancólico. Pero no triste, melancólico, así callado, serio, como yo soy; que escribo como en realidad soy. Con esa idea no parece estar de acuerdo Eva, que dice que no cree que escriba como yo soy, sino que ese es mi estilo escribiendo.
Al parecer tengo estilo escribiendo. Ya es algo. Aunque creo que este no va a ser el escrito más recordado.
Decido buscar melancólico en el diccionario, porque el otro día oí hablar de melancolía a una periodista en torno a declaraciones del Presidente del Gobierno, y me siento confundido. A ver si al final no voy a saber como soy, aunque tenga estilo escribiendo…
Según el drae, melancólico viene a ser “tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada”. Así pues debo entender que Mari Carmen se refiere más bien a lo sosegado de mi carácter. Es cierto que escribiendo, como es un proceso más reflexivo, y la reflexión siempre me lleva a lo mismo, resulto un poco mas así, melancólico. Pero ¿incapaz de encontrar gusto ni diversión por nada? Hombre, yo en persona trato de divertirme con casi todo. Otra cosa es que pillarse con la cremallera pueda ser divertido, si te pasa a ti. Si le pasa a otro… aahhh.
Yo creo que tras la melancolía con la que escribo siempre deslizo un halo de humor, aunque sea cínico.
Hoy María Moliner tampoco disipa dudas. Aunque generalmente resulta más clara: propensión a la tristeza. Esta quizá sea más cierta. Pero que conste: no soy un triste. A decir del diccionario, soy sosegado. Eso no quiere decir viejo ¿no? ¡Que estoy haciendo 23 abdominales superiores perfectas en 20 minutos!
¿Tengo cuando escribo propensión a la tristeza? ¿Estoy triste y por eso escribo? ¿Tengo estilo si escribo melancólicamente? ¿Te gustan las películas de gladiadores?

Revision "resolutions"

Hoy tenía la intención de haber ido a desayunar a Starbuck en moto, y desde allí escribir esta entrada. Examinar las “Resolutions”. El día en Sevilla hoy está para ello, y además luego tenía que mirar algunas cosillas.
Pero a la vuelta de dejar a los niños en los coles –las 9:20– ya llevaba dos horas en planta y la tabla de abdominales de Billy Blanks completada (ya llego a los 45 minutos sin necesitar asistencia médica posterior, aunque de vez en cuando me paro durante la realización) Además: vestir a los niños, desayunarlos y llevarlos a los coles. Total, que como todavía me quedaban cosas que hace en casa, se me iba a hacer muy tarde y el hambre acuciaba. Así que he decidido desayunar aquí, y salir después de compras, antes de mis clases de hoy.
Escribir
De momento sigo escribiendo. No puedo escribir todos los días, porque hace falta tiempo, y hay otras muchas cosas que hacer. No solo obligaciones: ayer, que salió el sol, nos fuimos a patinar con los niños. Pero llevo más o menos los dos blogs. Y todos los días pongo algo en el Twister que se pega ahí al lado. Estoy escribiendo también relatos (más bien reflexiones) más largos, que no creo que sea para publicar aquí. Ya veremos.
Ejercicio
De momento me he comprado en Decathlon dos pares de zapatos de deportes; unos para correr y otros para jugar al futbol sala. No juego al futbol desde que hace unos cinco años, después de un partido tuve una contractura en una costilla que me tuvo inmovilizado cuatro días. Pero me he comprado (también en Decathlon) un balón amarillo con el que juego con mis hijos, y ya lo he embarcado una vez, en el hospital de Mapfre. De correr mejor no hablamos. Utilizo los zapatos para hacer la tabla de ejercicio que realizo tres veces por semana, los días que Eva se levanta pronto y yo entro un poco tarde. No sé si con la tabla que hago en realidad adelgazo mucho más. Pero me noto más ¿en forma? Ahora bien, Mari Carmen sí que me encuentra cada vez más delgado. No se si será cierto, pero la verdad es que potencia la débil voluntad.
Demás
No toco el saxofón. No le consigo poner un hueco habitual.
Lo de no comprar más cds, dvds, o libros… ya he pecado. Tengo varios encargos pendientes de llegada. Eso si, son de segunda mano. Y hago lo posible por ponerme al día en cuanto a las pelis pendientes por ver, y cds por escuchar, pero esto último… teniendo en cuenta que Paco me hace envíos con mas albumes…y los qaue tengo pendientes…
Y de las digitalizaciones de audio y video tengo casi todo el material preparado. Estoy solo a falta del “maquinón” que me va a proporcionar Carlos. El está a la espera de otro más grande todavía.
Y me voy, que voy a aprovechar el solecito. Mañana llueve.

sábado, 6 de marzo de 2010

Más allá de los sueños

No pensaba Miguel Cisneros lo que su “experimento en red social” se iba a extender. O quizás sí: “nunca se sabe quien puede estar leyendo” es una de las frases que una vez me regaló Miguel como base de trabajo en Internet. Y no sólo en Internet.
El caso es que mi anterior entrada (Mis sueños), escrita bajo la influencia del experimento propuesto por Miguel, ha ido teniendo sus propias repercusiones. He tenido repuestas de correos, llamadas, ¡y hasta un comentario! Todas las respuestas y comentario los agradezco enormemente. He recibido reflexiones muy interesantes sobre los sueños en el sentido de proyectos, deseos, o como quiera que se desee definir. A estas alturas ya sabemos de qué hablamos.
Hay quien va cumpliendo sus sueños, quien espera cumplirlos, o cambiarlos por otros. O los desarrolla al día. La conclusión global (generalizando y resumiendo mucho. Perdonad) es que los sueños deben articular el devenir diario, que cada día se acerque de algún modo a lo que queríamos vivir, sin necesidad de una meta tan determinada como la consecución de un objetivo. Aunque también hay que tener objetivos concretos a corto o largo plazo, tengan o no probabilidades de cumplirse. Como bien dice Antonio, esos sueños que no se cumplieron también forman parte de uno mismo, moldean tu personalidad. En mi caso, es posible que si se hubieran cumplido fuera una persona distinta, que incluso me gustara menos de lo que me soporto ahora.
Pero en esas respuestas y reflexiones he notado que he debido transmitir cierto tono melancólico. Supongo que hablando de sueños no cumplidos es normal. Aun así le pregunto a Eva y dice que mis escritos tienen un tono melancólico. Pero no ahora; de siempre. O sea, que soy un triste. No, pero los escritos… tienen ese tono…
Quien no me conozca en persona y me lea (eso sí que sería una sorpresa, algo que agradecería a los dioses con más intensidad de lo que ya agradezco a los que me conocen y aun así me leen) debe sacar entonces esa conclusión. Pero claro a lo mejor es por ese tono melancólico por lo que precisamente me lee. En fin…
Aunque es posible que el escrito tenga ese tono, el día de hoy siga siendo gris, y tenga mis momentos tristes, quiero buscar lo positivo, guiado por todos esos mensajes. Sí, es cierto que determinados anhelos nunca llegaron a cuajar del todo. Pero otros sí. Y si además miro hacía atrás, lo que me encuentro son los pequeños hechos del día a día que me hicieron pasar un buen rato, independientemente de los “sueños”. Y recuerdo entonces una frase de John Lennon que viene al pelo, muy utilizada pero muy mal citada. Voy a citarla bien, a ver si sirve de precedente: pertenece a la canción “Beautiful Boy” compuesta para su segundo hijo, Sean: Life is what happens to you while you’re busy making other plans. (“La vida es lo que te sucede mientras estas ocupado haciendo otros planes”. Si cambiamos “planes” por “sueños”, ya está dicho todo)
Así pues, en realidad, mientras escribo esto, sueño arriba, sueño abajo, escribiendo cumplo unos de mis New Year’s Resolutions, que no se si serían sueños, proyectos o qué, porque, de hecho los New Year’s Resolutions se hacen para cumplirse. Pero es que escribiendo también cuento cosas, que resume buena parte de lo que más me interesa del mundo del cine y del teatro. Y no digamos si, como en el otro blog (las 25 mejores, perdon por la publicidad, pero…) escribo sobre cine, teatro, y música. Sobre todo ahora, que "incrusto" videos de you tube para ilustrar de lo que escribo. Es genial.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Mis sueños

Miguel Cisneros, un inquieto impenitente a quien tuve la suerte de conocer por nuestro común interés por el teatro, ha realizado un curioso “experimento en red social”, lanzando una pregunta por sus contactos de tuenti: “¿Cómo van tus sueños?”. El resultado, que podéis comprobar aquí, resulta curioso, y, por momentos, sorprendente. Personalmente, lo que más me llama la atención es que haya habido tan poca gente, según cuenta Miguel, que identifique el término “sueños” con el significado de “ilusiones” o “proyectos”. Quizá, ante una pregunta directa y personal, formulada a contactos a lo mejor no tan directos o personales, y cuya respuesta podría ponerse escabrosa o melancólica, el personal prefiere escurrir el bulto y salirse por la tangente.
Como yo no estoy en tuenti, no fui preguntado (no se si por fortuna), y no se me planteó la disyuntiva. Creo que hubiera contestado: casi siempre contesto los mensajes de Miguel. Pero no sé en que sentido. Lo cierto es que me hubiera hecho cavilar. Como estoy haciendo ahora. Y ya que estoy, llevado por mis cavilaciones, y aun a riesgo de ponerme “melancólico”, reviso mis “sueños”.
Si uno busca en Google “sueños” las primeras entradas se refieren a la interpretación de los sueños, en el sentido de la actividad cerebral desarrollada mientras se duerme. No es extraño, después de todo, buena parte de las respuestas recibidas en el experimento. Así que mejor acudo al diccionario. El Drae resulta tajante en su sexta acepción: “Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse”. Joder. Pues que mal. Muchos de mis sueños no se han realizado, pero hubo probabilidad. Quiero pensar que aun la hay. Pero claro, esta definición es una entelequia imposible: si se cumplen es que entonces no eran sueños. Con lo que siempre van bien si no se cumplen, porque si se cumplen dejan de serlo. Acudo a María Moliner. Ella sí da un poco de cuartel en su quinta acepción: “Cosa en cuya realización se piensa con ilusión o deseo”. En fin, ilusión y deseo por realizarlo. Esto sí.
Podría decir que a estas alturas de mi vida (para muchos lectores -¿?- mi edad es un secreto de estado, aunque mirando por ahí es fácil de deducir) es el momento de hacer balance y todas esas cosas. Pero en realidad yo estoy siempre comiéndome el tarro y haciendo balance, así que este es tan buen momento como cualquier otro.
¿Cómo van mis sueños? Mi sueño más evidente para todo el que me conozca tiene que ver con el cine y el teatro. En realidad con contar historias y vivir e imaginar otras vidas. En los New Year’s Resolution de hace unos días no había nada de esto. Pero si surgiera la posibilidad, lo dejaría todo aparcado. Desde luego.
Hacer balance de mis cosillas de cine y teatro resulta… ¿melancólico? ¿el pudo haber sido y no fue?... No es plan enumerar. Simplemente creo que puedo decir que en algún momento llegué a jugar en la segunda división del mundo audiovisual, tuve alguna oportunidad de jugar “con los grandes” que no cuajó, y la ilusión y las posibilidades se las fue llevando el tiempo. Bruscamente en alguna ocasión. En teatro he jugado en casi todas las categorías, manteniéndome durante mucho tiempo, con interrupciones, en categorías juveniles.
Y también puedo decir, y que no suene a fantasmada, que sé de cine y teatro a todos los niveles (historia, técnica, música…) más que la mayoría de las referencias que encuentro por esas páginas, blogs y mundos de dios. Y que por eso abrí un blog donde contar cosillas de cine. Las 25 mejores. Pero con tanto blog, tanta gente escribiendo por ahí, aunque sea de forma menos precisa, da cierta pereza. Lucho contra ella, pero también aparece en mi contra la falta de sentido de todo este trabajo, y me dejo llevar por la desidia. En fin…
Otros sueños (¿proyectos? ¿Se pueden cumplir y seguir siendo sueños?) van mejor; otros sí que se cumplieron (¿Ya no son sueños?) Pero de eso escribiré otro día, que hoy ya llevamos bastante.
Para terminar solo se me ocurre una frase de cine, un tanto conciliadora:
Los viejos sueños eran buenos sueños. No se realizaron, pero me alegro de haberlos tenido. No se bien que significa, pero…
Robert Kincaid (Clint Eastwood)
Los puentes de Madison